Cuando en la primavera de 2015 Pablo Iglesias y Albert Rivera se disputaban la hegemonía del cambio en el que se denominó el debate del Tío Cuco, España vivía la efervescencia de la nueva política, que había irrumpido ya en las urnas europeas un año antes, y estaba a punto de hacerlo en el Congreso de los Diputados. El éxito de Podemos y Ciudadanos fue la materialización política del cansancio social con la clase dirigente, manifestado en la calle en 2011 en el movimiento del 15M como prolegómeno de lo que vendría después.